La pluma de Maât

Relato

Un poco de entretenimiento

Escrito por liton 04-04-2007 en General. Comentarios (0)

 

Os propongo una alternativa, para alguna de estas tardes desapacibles

de Semana Santa.

 

 Pinchad aquí: http://www.reallifelog.com/Liton/archive/46819/

El burlador burlado

Escrito por liton 01-04-2007 en General. Comentarios (2)

 

    A mí siempre me ha gustado gastar bromas. Pero no de esas de "colleja", "toba" o coscorrón, si no de las de intentar sorprender o hacer reír a todas las partes. Hace no muchos años, mi pareja y yo solíamos pasar la Nochevieja, en una casita junto a la playa de Oropesa. Aquel año volvía ella de un largo viaje y yo debía esperarla, en la cercana estación de Benicasim. Aprovechando los réditos de mi paso por el teatro, me vestí y caractericé de anciano, con la intención de camuflarme y observarla desde muy cerca sin ser visto. Me hice cejas nuevas y un bigote blanquecino. Con arrugas, boina y bastón, llegué al apeadero muy ufano, riéndome por adelantado de lo que creía que iba a ocurrir. Pero nada salió según lo previsto. Pasaba el tiempo, aquel tren no llegaba y se impuso la necesidad de ir a preguntar. El maquillaje no estaba hecho para engañar en los primeros planos. El funcionario se daría cuenta del camelo y llamaría a la guardia civil, tomándome por un terrorista camuflado o cualquier otra cosa, de moda por entonces en la inquietud popular. La solución sería mover el maquillaje con gestos rápidos y continuos, para impedir que el susodicho pudiera enfocar la vista sobre mi cara. El viejo resultante fue un viejo cascarrabias y funcionó. Entonces me explayé en el papel. Sobre todo cuando el jefe de estación me explicó que el tren venía con dos horas de retraso, porque un árbol se había caído sobra las vías. "¡No hay derecho!". ¡Madre mía!, pensé, dos horas. Dos largas horas de espera entre la gente, con el calor de la boina y el pelo artificial. No podía dejar de interpretar mi papel, por el riesgo de parecer un sospechoso, y por decirlo todo, porque me vá la marcha. Lo que pasó después fue extraño. Y qué quería, si estaba fingiendo, casi usurpando otra personalidad. Resultaba simpático, que no gracioso, que la gente de aspecto respetable y edad avanzada, se mostrara conmigo indulgente, servicial y amable, cuando me dirigía a ellos para comentar el trastorno ferroviario, (cosa que tampoco pude evitar). Pero los jóvenes no me veían. No sé como explicarlo…. Cuando alguien pasa a nuestro lado, sabe que estamos y nosotros sabemos que lo sabe. Se crea una especie de interconexión superficial. Una ojeada fugaz, nos sitúa a cada uno, despertando o no el interés. Luego se mira o no se mira, pero cada cual es consciente del otro y eso se nota…. Yo no estaba. Los chicos no me veían y no digamos las chicas. Fue una experiencia un tanto desagradable, aunque no sabría decir si se trataba de una sensación inherente a la vejez, o simplemente mi ego despechado.

    Por fín llegó el tren. La ví bajar desde lejos y me acerqué. Mientras me buscaba con la mirada, pasé varias veces junto a ella, sin conseguir llamar su atención. Revoloteaba a su alrededor sin mejores resultados, hasta que directamente me planté enfrente, obligándola a mirar. "Ah, ¿eres tú?", fue lo único que dijo porque, después de haberme visto de muy peores guisas, aquello le pareció tan normal . Reírnos nos reímos. Cuando supo la historia en los términos "lastimeros" en que ahora la estoy contando.

    En fín, quería gastarle una broma y se la gasté a todos menos a ella, pues fue la única que no "picó". Y me convertí en el burlador burlado porque mi chanza se convirtió en una triste chanza y porque lo divertido de estas cosas es cuando se revela el engaño y como comprenderéis, resultaba imposible volver en busca de todas esas personas con las que hablé siendo viejo, para reírme con ellas al decirles, quien era yo en realidad.

11-M. Atentado en 1ª persona

Escrito por liton 11-03-2007 en General. Comentarios (3)

 

http://liton.blogdiario.com/img/lazo.jpg

 

Los hechos que se narran a continuación han sido transcritos

a partir de las declaraciones de una amiga mía de la infancia, M.N.

No han sido retocados ni adulterados. 

 Ésto es lo que ella   vivió y como quiso contármelo:

 

     “Subí al tren esa mañana como todos  los días, para ir a Atocha y luego coger un autobús hasta el curro .... A mí el metro me agobia un poco y más a esas horas que acabas de  salir  de la cama...   No había asiento, el vagón iba  ya cargadito. Entonces me puse en el hall, ¿sabes?, cerca de la entrada, en un lateral. No por nada si no porque era el sitio con más espacio. Al segundo piso del  vagón no suelo subir porque es todavía más agobiante que el de abajo, me entra un poco de claustrofobia. Y nada...cuando estamos llegando a Atocha oigo un ruido muy fuerte... En el  momento no sabía que era una explosión. Es curioso, en realidad  no lo sentí tan fuerte como para  pensar en  una  explosión. Tampoco recuerdo otros detalles de ese momento, seguramente a causa  del shock . Bueno si recuerdo que algo me empujó de golpe contra la pared del vagón y que debieron  pasar unos segundos hasta que otros ruidos empezaran a llegarme. Un hombre a mi lado me gritaba, ¡Salta, date prisa, salta!...Me señalaba un hueco abierto cerca de mí. No me atrevía a  saltar....Era un amasijo de hierros en punta y había trozos de tela  entre medias , bueno de tela y de otras cosas...allí había de todo....manos, sesos, tripas, de todo......¡Salta, salta!, gritaba....Luego es  como si volviera  en mí...y me dije, aquí ha pasado algo muy gordo. Salté  entre los cadáveres y los hierros. No sé como lo hice, cuando lo ví desde fuera no me lo creía.  Al caer sobre las piedras de la vía me hice daño en las rodillas. Estaba aún  en el suelo cuando explotó la  otra  bomba,   creo  que  fué en el segundo piso del vagón. La primera no me mató pero la  segunda si lo hubiera hecho. Me salvó  que estaba tirada en la vía y bueno, claro, que las bombas no explotaran al mismo tiempo. Me alejé  de allí y me senté en el suelo apoyada en una pared. Había  gente saltando hacía el otro lado para salir a la calle. ¡Ven, salta por aquí, nosotros te ayudamos!, me decían, pero a mí eso me parecía muy alto. Yo pensaba, a ver si no te has muerto en el tren y ahora te  estampas en la valla. Ahí es  cuando empecé a sentir pánico viendo de lo que me había librado. Volví a dejarme caer en el suelo...Se oían gritos en el tren: ¡socorro!... ¡ayúdame!...Unos gritos  horrorosos...Pero tenía mucho miedo y no sabía que hacer....El psicólogo me ha dicho que no debo sentirme culpable, que yo no podía hacer nada.....No sé...si hubieras oído esos gritos... Temblando  llamé por el móvil a mi marido que desde casa oyó la explosión y ya  sabía lo que había pasado por las noticias. Le expliqué mas o menos  donde estaba y que estaba bien. El también pasó un mal  trago el pobre, buscándome por los vagones y todo lo que vió allí. Además tampoco sabía como me  iba a encontrar aunque yo le hubiera dicho que estaba bien. No te  puedes  imaginar lo que hay ahí  dentro, me  decía, no te lo puedes ni imaginar.... Luego también llegó mi hija hecha polvo y nos fuimos los tres así como estábamos,

abrazados y llorando al hospital.....”

   

Esto me lo contó atiborrada a pastillas. En su vagón explotaron dos bombas a escasos metros. A su alrededor murieron sesenta y  dos personas. Ella sufrió heridas leves y contusiones y a   pesar de tener  los tímpanos perforados  diría que salió indemne, si no fuera porque ese recuerdo  terrible, 

le acompañará para siempre.

"Visquen les falles"

Escrito por liton 07-03-2007 en General. Comentarios (6)

 

    Se aproxima el día de la "plantá". Este fín de semana sacaremos la piezas y las montaremos una a una en la calle. Espero que no haga viento, espero que no llueva. Es muy triste que el trabajo de un año en honor al fuego, sea una advenediza tempestad la que lo destruya…..Pasaré tres días sin apenas dormir que sumados a las setenta horas semanales que vengo haciendo desde Navidad, harán de mi un guiñapo que haría enrojecer a mi propia abuela. Lo peor es el aspecto psicológico. Al cuerpo se le deja sobre un sofá o sobre una cama y él descansa solito. Pero de la cabeza hay que ocuparse. El cerebro adquiere costumbres nefastas y las resacas de adrenalina lo vuelven obtuso. Al menos todo ésto sería lo normal, sino fuera porque a lo mejor estoy despedido. Es lo que me gritó mi jefe el otro día fuera de sí, cuando discutí con él utilizando mis mejores técnicas de tenor. Pero no pasa nada. Peor fue el año pasado cuando estuvimos a punto de llegar a las manos. Y es que si ya parece surrealista, la idea de construir un monumento que será pasto de las llamas, no os cuento lo que pueden llegar a ser las relaciones profesionales….¡Qué pena… un oficio tan bonito!.

¿Qué parecíamos?

Escrito por liton 03-03-2007 en General. Comentarios (3)

 

    En mi época los adolescentes debíamos tener otra cara. Quizás la vida rígida de entonces nos volvía adustos, haciéndonos crecer el bigote de un modo precoz, mitigando por la misma alquimia, la terrible erupción de los granos presuntamente onanistas. 

    Entre los doce y los trece años, atravesaba Madrid de periferia a periferia para ir al instituto. Salía de noche, volvía de noche. Solo, como un hombrecito. Los sábados, a la hora de la película, abría la tienda de ultramarinos, (peregrino experimento familiar), para atender a los primeros parroquianos, con la picardía inherente a los pesos pre-digitales. Entre los trece y los catorce, siendo montañero, (ya vés tú), entraba en un bar con mi macuto, mis Camet de piel vuelta y aire resuelto, pedía un coñac y por supuesto me lo servían. No es que me gustara pero me calentaba el ánimo y además era de machotes. A la misma edad, cuando a Franco le quedaban dos años de vida, me apuntaba a todas las manifestaciones. Eran batallas campales, violentas y peligrosas y los antidisturbios, os lo aseguro, tampoco se mostraban sensibles para con mi pubertad. Tenía amigos con barba y lo mejor de todo, las chicas mayores me miraban….Ahora todo ha cambiado y los adolescentes simplemente adolecen…Eso sí, en lo que a mí respecta, las chicas mayores aún me miran, pero ya no es lo mismo.