Maya tiene tres años y medio. En un gran almacén busca unos zapatos de invierno a su gusto y al de los abuelos que la acompañan. Después de dar varias vueltas por el estante encuentra lo que desea, además de un bolso muy hortera de señora y unas bonitas sandalias azules para el verano. Los abuelos la convencen sin mayores dificultades, de centrarse en la primera idea y dejar de momento lo que no necesita…..Maya se pone su calzado nuevo y con ellos de la mano se va hacia la caja. Como la cajera necesita pasar por la máquina el código del producto, los abuelos le piden a Maya que se quite un zapato. La niña se lo dá a la cajera y ésta realiza el cobro y se lo devuelve para que se calce.
En casa, Maya está silenciosa y pensativa. Después de un rato dudando, vuelta vá y vuelta viene por la cocina, se acerca a su abuela y con su deliciosa vocecilla aflautada, le dice:
- Mami, ¿por qué solo has pagado un zapato?.
El puente del Pilar lo he pasado en Barcelona. Además de conocer la ciudad, quería practicar mi catalán y ver de cerca a los famosos "herejes" constitucionales. Pues bien, allí no había catalanes, lo juro. Ya vimos salir a muchos de ellos en sus coches, para disfrutar del puente como cualquier hijo de vecino, (de vecino español, claro). Pero no solo se trataba de eso. Los vendedores de las tiendas, los camareros de los bares y restaurantes, los del servicio de limpieza, los policías, guardas jurados, conductores de autobús y transeúntes, todos eran inmigrantes del país o importados. También había turistas, muchos turistas, masas de turistas de variados orígenes. Y claro, ocurre lo que ocurre. Preguntas por un "carrer", (por aquello de la "poliglotez"), y todos te responden poco más que "¿lo cualo?". Selectivo y para abreviar acabo abordando a los paseantes de modo capcioso: "¿Vosté es catalá?"…."No, pero debe girar la primera a la izquierda"….En resumen, Barcelona es una ciudad donde no hay catalanes. Algo parecido experimenté en Gerona y Tarragona. ¿Se estarán extinguiendo?…A pesar de haber buscado, tampoco ví a nadie quemando imágenes del rey. Es una pena pues hubiera hecho unas fotos ya que se cotizan muy bien, (periodo pre-electoral obliga), en las cadenas "televisorias" y en los libelos que tanto los ingenuos como los aprovechados llaman periódicos.
..... Lupo pasó de largo y no vió la expresión agraviada de la portera. Sabía que no era justo tratarla con tan pocos miramientos, ni descargar sobre la buena fé ajena, el resentimiento propio. Pero no tenía tiempo para sutilezas emocionales, mientras siguiera pensando que alguien iba a matarle. Nunca se había planteado seriamente lo del destino. Sabía de la dictadura del cerebro, capaz de contradecir la creencia del libre albedrío. Entendía que el hombre viajaba en su cuerpo como se viaja en una nave y que los sentidos solo trasmitían meras representaciones. Igual que los relojes y medidores de un panel de control. La realidad no era lo aparente. Lo aparente estaba hecho a la altura de nuestras necesidades y nuestra comprensión….Pero que el cerebro te marcara conductas o te manipulara respondiendo a intereses orgánicos, era una cosa, (al fín y a la postre todo quedaba en casa), y otra bien distinta, que en algún lugar del universo alguien o algo, decidiera lo que sería de tí. Los caprichos y curiosidades del azar inspiraron desde la noche de los tiempos, la convicción del camino marcado. Pero donde Esquilo decía, que ni aún permaneciendo sentado junto al fuego, el hombre escapaba a su destino, Platón aseguraba que los espíritus simples carecían de él. Shakespeare le otorgaba un papel secundario: "Es el destino el que baraja las cartas, nosotros somos quienes las jugamos". Para Cervantes, más categórico y prosaico, cada cual se lo fabricaba a medida y Sigmund Freud contundente y cínico sentenciaba: "La anatomía es el destino"…. Por más que buscaba, no hallaba consenso entre las mentes privilegiadas. Todo se reducía entonces a una cuestión de fé y Lupo de repente y sin poder evitarlo, la tenía. ......
Aunque no os lo creáis os veo a todos por un agujerito, y sé que muchos de vosotros,
habéis hecho clic en el enlace que figuraba en el post "Un poco de entretenimiento",
y al ver que era un texto muy largo, lo habéis pasado por alto....Ah, pillines...
Me permito porneme pesado e insistir, pues me costó mucho tiempo
escribirlo. Es un episodio de una novela humorística que en
principio fué concebida para el teatro. Eso a lo mejor se nota un poco
pero que le vamos a hacer. Pues nada, aquí está de nuevo el enlace.
Y ojito que estoy al loro.
Jejeje.
http://www.reallifelog.com/Liton/archive/46819/
No me gustan los domingos por la tarde. De pequeño me tragaba "Cesta y Puntos" o un partido de liga en blanco y negro, mientras mi madre me bañaba en un barreño junto a la estufa. Tedio infame y televisivo. Al día siguiente colegio. De joven, el domingo acababa al mediodía, después de las cañas y las tapas, mientras los vendedores de cualquier cosa recogían el Rastro. Las calles se desinflaban de gente. Madrid se convertía en un cascarón vacío. Ahora los domingos por la tarde son los papás y las mamás después de la siesta, cuando vestidos de bonito vigilan las peripecias de sus retoños, que buscan las primeras emociones artificiales en los columpios de la playa.
Desde hace un par de semanas es domingo por la tarde. Y es que el sol ha desaparecido y ya no estoy acostumbrado. El aire frío me ha secado el cerebro. La lluvia tenaz me ha descolorido el ánimo. Lo malo es que eran mis vacaciones. Y mañana a trabajar. A cantar frente a la bandera, mientras don Julián pasa lista para meternos en clase, poco menos que meternos en vereda. A no reconocer las calles desiertas. A cruzarme con los papás y las mamás un rato más viejos, que cargados de pasteles vuelven a casa. A la rutina de un arte modesto y esforzado, por encargo de un mundo ajeno….
Con intención de consolarme, salgo de mí para poder verme. Y me veo. Instalado cómodamente frente al ordenador, al calor de un vaso de vino. Pienso en los que me quieren para no sentirme solo. Entonces le doy gracias a la vida, por tener problemas tan pequeños, y me digo que a pesar de todo, estoy casi contento.
Os propongo una alternativa, para alguna de estas tardes desapacibles
de Semana Santa.
Pinchad aquí: http://www.reallifelog.com/Liton/archive/46819/
A mí siempre me ha gustado gastar bromas. Pero no de esas de "colleja", "toba" o coscorrón, si no de las de intentar sorprender o hacer reír a todas las partes. Hace no muchos años, mi pareja y yo solíamos pasar la Nochevieja, en una casita junto a la playa de Oropesa. Aquel año volvía ella de un largo viaje y yo debía esperarla, en la cercana estación de Benicasim. Aprovechando los réditos de mi paso por el teatro, me vestí y caractericé de anciano, con la intención de camuflarme y observarla desde muy cerca sin ser visto. Me hice cejas nuevas y un bigote blanquecino. Con arrugas, boina y bastón, llegué al apeadero muy ufano, riéndome por adelantado de lo que creía que iba a ocurrir. Pero nada salió según lo previsto. Pasaba el tiempo, aquel tren no llegaba y se impuso la necesidad de ir a preguntar. El maquillaje no estaba hecho para engañar en los primeros planos. El funcionario se daría cuenta del camelo y llamaría a la guardia civil, tomándome por un terrorista camuflado o cualquier otra cosa, de moda por entonces en la inquietud popular. La solución sería mover el maquillaje con gestos rápidos y continuos, para impedir que el susodicho pudiera enfocar la vista sobre mi cara. El viejo resultante fue un viejo cascarrabias y funcionó. Entonces me explayé en el papel. Sobre todo cuando el jefe de estación me explicó que el tren venía con dos horas de retraso, porque un árbol se había caído sobra las vías. "¡No hay derecho!". ¡Madre mía!, pensé, dos horas. Dos largas horas de espera entre la gente, con el calor de la boina y el pelo artificial. No podía dejar de interpretar mi papel, por el riesgo de parecer un sospechoso, y por decirlo todo, porque me vá la marcha. Lo que pasó después fue extraño. Y qué quería, si estaba fingiendo, casi usurpando otra personalidad. Resultaba simpático, que no gracioso, que la gente de aspecto respetable y edad avanzada, se mostrara conmigo indulgente, servicial y amable, cuando me dirigía a ellos para comentar el trastorno ferroviario, (cosa que tampoco pude evitar). Pero los jóvenes no me veían. No sé como explicarlo…. Cuando alguien pasa a nuestro lado, sabe que estamos y nosotros sabemos que lo sabe. Se crea una especie de interconexión superficial. Una ojeada fugaz, nos sitúa a cada uno, despertando o no el interés. Luego se mira o no se mira, pero cada cual es consciente del otro y eso se nota…. Yo no estaba. Los chicos no me veían y no digamos las chicas. Fue una experiencia un tanto desagradable, aunque no sabría decir si se trataba de una sensación inherente a la vejez, o simplemente mi ego despechado.
Por fín llegó el tren. La ví bajar desde lejos y me acerqué. Mientras me buscaba con la mirada, pasé varias veces junto a ella, sin conseguir llamar su atención. Revoloteaba a su alrededor sin mejores resultados, hasta que directamente me planté enfrente, obligándola a mirar. "Ah, ¿eres tú?", fue lo único que dijo porque, después de haberme visto de muy peores guisas, aquello le pareció tan normal . Reírnos nos reímos. Cuando supo la historia en los términos "lastimeros" en que ahora la estoy contando.
En fín, quería gastarle una broma y se la gasté a todos menos a ella, pues fue la única que no "picó". Y me convertí en el burlador burlado porque mi chanza se convirtió en una triste chanza y porque lo divertido de estas cosas es cuando se revela el engaño y como comprenderéis, resultaba imposible volver en busca de todas esas personas con las que hablé siendo viejo, para reírme con ellas al decirles, quien era yo en realidad.

Los hechos que se narran a continuación han sido transcritos
a partir de las declaraciones de una amiga mía de la infancia, M.N.
No han sido retocados ni adulterados.
Ésto es lo que ella vivió y como quiso contármelo:
“Subí al tren esa mañana como todos los días, para ir a Atocha y luego coger un autobús hasta el curro .... A mí el metro me agobia un poco y más a esas horas que acabas de salir de la cama... No había asiento, el vagón iba ya cargadito. Entonces me puse en el hall, ¿sabes?, cerca de la entrada, en un lateral. No por nada si no porque era el sitio con más espacio. Al segundo piso del vagón no suelo subir porque es todavía más agobiante que el de abajo, me entra un poco de claustrofobia. Y nada...cuando estamos llegando a Atocha oigo un ruido muy fuerte... En el momento no sabía que era una explosión. Es curioso, en realidad no lo sentí tan fuerte como para pensar en una explosión. Tampoco recuerdo otros detalles de ese momento, seguramente a causa del shock . Bueno si recuerdo que algo me empujó de golpe contra la pared del vagón y que debieron pasar unos segundos hasta que otros ruidos empezaran a llegarme. Un hombre a mi lado me gritaba, ¡Salta, date prisa, salta!...Me señalaba un hueco abierto cerca de mí. No me atrevía a saltar....Era un amasijo de hierros en punta y había trozos de tela entre medias , bueno de tela y de otras cosas...allí había de todo....manos, sesos, tripas, de todo......¡Salta, salta!, gritaba....Luego es como si volviera en mí...y me dije, aquí ha pasado algo muy gordo. Salté entre los cadáveres y los hierros. No sé como lo hice, cuando lo ví desde fuera no me lo creía. Al caer sobre las piedras de la vía me hice daño en las rodillas. Estaba aún en el suelo cuando explotó la otra bomba, creo que fué en el segundo piso del vagón. La primera no me mató pero la segunda si lo hubiera hecho. Me salvó que estaba tirada en la vía y bueno, claro, que las bombas no explotaran al mismo tiempo. Me alejé de allí y me senté en el suelo apoyada en una pared. Había gente saltando hacía el otro lado para salir a la calle. ¡Ven, salta por aquí, nosotros te ayudamos!, me decían, pero a mí eso me parecía muy alto. Yo pensaba, a ver si no te has muerto en el tren y ahora te estampas en la valla. Ahí es cuando empecé a sentir pánico viendo de lo que me había librado. Volví a dejarme caer en el suelo...Se oían gritos en el tren: ¡socorro!... ¡ayúdame!...Unos gritos horrorosos...Pero tenía mucho miedo y no sabía que hacer....El psicólogo me ha dicho que no debo sentirme culpable, que yo no podía hacer nada.....No sé...si hubieras oído esos gritos... Temblando llamé por el móvil a mi marido que desde casa oyó la explosión y ya sabía lo que había pasado por las noticias. Le expliqué mas o menos donde estaba y que estaba bien. El también pasó un mal trago el pobre, buscándome por los vagones y todo lo que vió allí. Además tampoco sabía como me iba a encontrar aunque yo le hubiera dicho que estaba bien. No te puedes imaginar lo que hay ahí dentro, me decía, no te lo puedes ni imaginar.... Luego también llegó mi hija hecha polvo y nos fuimos los tres así como estábamos,
abrazados y llorando al hospital.....”
Esto me lo contó atiborrada a pastillas. En su vagón explotaron dos bombas a escasos metros. A su alrededor murieron sesenta y dos personas. Ella sufrió heridas leves y contusiones y a pesar de tener los tímpanos perforados diría que salió indemne, si no fuera porque ese recuerdo terrible,
le acompañará para siempre.
Se aproxima el día de la "plantá". Este fín de semana sacaremos la piezas y las montaremos una a una en la calle. Espero que no haga viento, espero que no llueva. Es muy triste que el trabajo de un año en honor al fuego, sea una advenediza tempestad la que lo destruya…..Pasaré tres días sin apenas dormir que sumados a las setenta horas semanales que vengo haciendo desde Navidad, harán de mi un guiñapo que haría enrojecer a mi propia abuela. Lo peor es el aspecto psicológico. Al cuerpo se le deja sobre un sofá o sobre una cama y él descansa solito. Pero de la cabeza hay que ocuparse. El cerebro adquiere costumbres nefastas y las resacas de adrenalina lo vuelven obtuso. Al menos todo ésto sería lo normal, sino fuera porque a lo mejor estoy despedido. Es lo que me gritó mi jefe el otro día fuera de sí, cuando discutí con él utilizando mis mejores técnicas de tenor. Pero no pasa nada. Peor fue el año pasado cuando estuvimos a punto de llegar a las manos. Y es que si ya parece surrealista, la idea de construir un monumento que será pasto de las llamas, no os cuento lo que pueden llegar a ser las relaciones profesionales….¡Qué pena… un oficio tan bonito!.
En mi época los adolescentes debíamos tener otra cara. Quizás la vida rígida de entonces nos volvía adustos, haciéndonos crecer el bigote de un modo precoz, mitigando por la misma alquimia, la terrible erupción de los granos presuntamente onanistas.
Entre los doce y los trece años, atravesaba Madrid de periferia a periferia para ir al instituto. Salía de noche, volvía de noche. Solo, como un hombrecito. Los sábados, a la hora de la película, abría la tienda de ultramarinos, (peregrino experimento familiar), para atender a los primeros parroquianos, con la picardía inherente a los pesos pre-digitales. Entre los trece y los catorce, siendo montañero, (ya vés tú), entraba en un bar con mi macuto, mis Camet de piel vuelta y aire resuelto, pedía un coñac y por supuesto me lo servían. No es que me gustara pero me calentaba el ánimo y además era de machotes. A la misma edad, cuando a Franco le quedaban dos años de vida, me apuntaba a todas las manifestaciones. Eran batallas campales, violentas y peligrosas y los antidisturbios, os lo aseguro, tampoco se mostraban sensibles para con mi pubertad. Tenía amigos con barba y lo mejor de todo, las chicas mayores me miraban….Ahora todo ha cambiado y los adolescentes simplemente adolecen…Eso sí, en lo que a mí respecta, las chicas mayores aún me miran, pero ya no es lo mismo.
¿Dónde estabas el 23 de febrero de 1981?….Aunque pueda sorprenderos, yo era legionario en Fuerteventura, Tercio III. Catorce meses pasé en aquel desierto, en un cuerpo militar donde cada día se vulneraban los derechos humanos. Viví muchas peripecias y pude librarme son sin ingenio y algunas heridas, de ser procesado en dos ocasiones y encerrado en el pelotón de castigo o en una prisión militar. Pero todo ésto son historias de abuelo y ahora no vienen al caso. Solo es por esbozaros el estado moral y físico en el que me encontraba. El día 18 de febrero recibí una paliza por parte de un sargento de pesadilla y el 23, (cuatro días antes de licenciarme), oí de pasada en la radio algo sobre un golpe de estado. No sentí miedo. La noticia sobrevoló mi mente y además a esas alturas, tenía abotargadas las emociones. Aquella misma noche nos acuartelaron en uniforme de maniobras y correajes con pesadas cartucheras llenas de balas de verdad. Éramos una fuerza de choque, (pobre de mí). Los primeros que salen a matar y a morir. Fué una noche en vela de la que no recuerdo mis pensamientos, pero seguramente no tenían nada que ver, con la presunta amenaza de un peligro inminente. Con el paso del tiempo me pregunto lo que hubiera hecho en caso de conflicto. Seguramente disparar como todos, (aquel vejatorio sistema interno de la legión funcionaba). Pero, ¿contra quien?, nunca lo sabré.
Os aseguro que he intentado por distintos motivos, resistir para no contaros lo que ocurrió la tarde del 31 de diciembre en Valencia. Es evidente que no he podido conseguirlo…
Esperaba la llegada de un tren que venía con retraso. Decidí pasear por las calles de la ciudad, atraído por el brillo del sol en las fachadas y el ruido acolchado de transeúntes ociosos. En la plaza del Ayuntamiento se había instalado una carpa, en cuyo interior se exhibía un belén, seguramente de buena factura vistas las instalaciones y la asistencia. Que fuera una caja de ahorros la anunciante y promotora de la iniciativa, no me supuso un revulsivo a pesar de su despliegue propagandístico en cuatricomia. En la puerta familias enteras hacían cola, en espera de asistir a la recreación estática del nacimiento de un niño Dios. Navidad en estado puro. Ropa de domingos, golosinas y el corazón aseado. Pero he aquí que a pocos metros se encontraba la paradoja capaz de desmontar simbólicamente, (ya que de símbolos se trataba), tan navideña "paradeta". Un africano envuelto en una manta y sentado sobre un banco, miraba la escena sin verla mientras fumaba cigarrillos convulsivamente, como si con el humo pudiera calentarse el alma. La tristeza que ví en sus ojos me arrugó las entrañas. El contraste volvía más dolorosa la situación…..Primero pasé, le dí dinero para que comiera caliente y seguí mi camino. Pero la escena se me había enquistado en los ojos y me impedía otra visión. La soledad, la distancia, la fragilidad, son emociones que conozco, pero yo no dejaba de ser un pobre rico o un rico pobre con las manos blancas, limpias, vacías….Volví sobre mis pasos y aún estaba allí, envuelto en sus andrajos, en su humo. Me senté a su lado y nos pusimos a charlar. La gente desde la puerta del belén a su vez nos miraba. Que oportunidad perdían aquellos padres para inculcar buenos modos a sus retoños. Bastaba con decir: Tóma una moneda y llévasela a ese señor. Pero nadie se movió como no lo había hecho al parecer en toda la tarde. Les miré con provocación y recordé una frase mordaz que oyera en algún sitio pocos días antes: "¡Se acabó el simulacro de paz y amor, recojan sus bártulos y disuélvanse!".
Sí amigos, no era cuestión de unas cuantas monedas lava-conciencias, ni de arreglarle la vida a aquel desafortunado. Sólo se trataba de ayudar, para que no acabara por perder algo vital en toda existencia honrosa:
la confianza en el ser humano.
Uno de los viajes más entrañables y bonitos que recuerdo lo hice a pié. O Cebreiro, Santiago de Compostela. No sé si fué en abril o en mayo pero desde luego no había empezado la primavera. El viento, el granizo, la nieve y sobre todo la lluvia se impusieron como una "penitencia". Estoy hablando de unos 170 km., (creo), y de una motivación que nada tenía que ver con lo religioso. No quiero, (ni mucho menos), alardear de una distancia que resultaría irrisoria, en el palmarés de cualquier peregrino que se precie. Sirva como prueba de humildad referir el hecho de mi encuentro, con una señora de edad avanzada que venía caminando desde Alemania y una joven que después de llegar a Santiago se dirigía a Roma. Eso sin hablar de otros, no muy numerosos en esa época intempestiva, cuyo punto de partida era Roncesvalles. Solo quiero contaros lo que aprendí. Y puede parecer evidente o nimio pero a mí me ha sido muy útil en mis trasiegos cotidianos.
Llevamos una vida en la que el espacio y el tiempo no están hechos a nuestra escala. Todo es muy grande o demasiado pequeño y lo resolvemos a golpe de coche, avión, tren, teléfono, agenda y horno microondas. Pero he aquí que te encuentras con tus piernas, tu voluntad y un macuto, para afrontar ese espacio enorme e inhóspito y ese tiempo incierto y elástico, dependiente de las circunstancias. Antes de empezar a andar miras a lo lejos y comprendes que 170 km. están más allá del horizonte…. Creo que se me encogieron los esfinter o quizás fuera el frío, pero el entusiasmo estaba recién descorchado y había que escanciarlo y beber. Al acabar la primera jornada me sentí un poco decepcionado y me dije que si se presentaba tan fácil, el viaje amenazaba con aburrirme. Éramos cuatro en el camino, toda gente cercana y querida, cada cual especializado en una labor. Uno organizaba las etapas y la elección de los albergues, otro nos explicaba las plantas y las montañas, otro las iglesias antiguas y los castillos y yo, por la noche a la luz de las velas, relataba las leyendas del lugar. El grupo se fue haciendo más numeroso y cosmopolita, creándose lazos íntimos e indelebles. A los pocos días de marcha empezó a acumularse el cansancio y en mi caso se despertaron lesiones olvidadas de mis tiempos de soldado. La lluvia arreció y el camino por momentos se volvió impracticable. Las aldeas por las que pasábamos eran anacronismos y lejos de mostrarse acogedoras, parecían flotar veladas por una bruma que las volvía fantasmagóricas e inaccesibles. La duda me asaltó: ¡¿Qué coño hacía yo allí?. Luego comprendí que era demasiado tarde y que plantear la pregunta en voz alta hubiera podido desestabilizar la "expedición", pues seguramente cada cual en su fuero interno, no dejaba de repetirse lo mismo…. Había que andar, llegar a Santiago. Cuando acepté la situación y busqué dentro de ella la vida que en aquellos momentos era la mía, encontré cosas insospechadas. Encontré la amistad en estado puro, sin aditamentos ni prejuicios. Encontré la abstracción de la tarea supeditada al fín, en la que el dolor físico es el precio que se paga gustoso, por una pretendida superación. Encontré placer en el recuento de heridas y habría encontrado la magia por poco que me lo hubiera propuesto, pues vi ogros, meigas y prodigios, pero mi cerebro cartesiano no se mostró a la altura. Las aldeas se caldearon y se abrieron y la gente pronto nos reconoció.
Todo ésto es como una metáfora de la vida. Pero lo que en realidad aprendí es que no importa lo largo o duro que pueda resultar el viaje. Solo hay que andar, poner un pié detrás del otro metódica, tozuda, amorosamente. Entonces sientes los pasos en tu cabeza, como un mantra, un ritmo hipnótico en el que las dudas se disipan. Cuando das la última zancada y levantas la vista, lo que aparece ante tus ojos siempre es Santiago.
Ayer cené con mi familia como es menester, pero sacrifiqué mi borrachera navideña para poder volver a casa esa misma noche y levantarme de mañana para dar una vuelta en bicicleta.
El día amaneció soleado. Me calcé paso a paso mis fundas de lycra azul, como si de una ceremonia se tratara. Van a juego con mi BTT. Los dos formamos un equipo y además por decirlo todo, es que soy un poco "fantasma". No tenía cuerpo para las duras rampas de la Calderona, ni para sus vertiginosos descensos entre barrancos. Elegí la Marxal del Moro por ser un lugar de belleza bucólica y sobre todo llano, muy llano. El silencio y la tranquilidad post-juerga-colectiva, hicieron el trayecto especialmente placentero. La resaca del pueblo recreó el espejismo de un mundo en calma. La marxal se había recuperado de las sequías veraniegas y lucía sus más fastuosas galas de invierno, acuosas y vegetales. En mitad del delicioso paraje, vislumbré a contraluz una silueta lejana que se adentraba por los caminos entre charcas. Iba vestido de caqui y llevaba una escopeta al hombro. "Ya empezamos, me dije, un listillo que quiere comer pato a mediodía". La audacia del individuo me revolvió las tripas rompiendo el encanto matinal, al recordarme que el mundo seguía siendo el mundo y que a pesar de mis deseos de paz, se imponía la guerra contra aquel tipo. Dí la vuelta y asumí la perspectiva poco agradable, (estaréis de acuerdo conmigo), de discutir con un cretino, armado con una arma calibre doce en un lugar solitario. Vi entonces acercarse a un joven con cara de buena gente y cuyos prismáticos colgados al cuello, le otorgaban ante mis ojos, el estatus de andarín amante de la naturaleza. La prudencia hay que ejercerla cuando se tienen los medios. "Bon día. ¿Vé a aquel hombre de allí?. ¿Usted diría que es un cazador?....Ya sabe que este es un lugar protegido...."......."No, no es un cazador, me contestó"...."¡Que buena vista tiene!, repuse"...."No especialmente, lo sé porque vamos juntos"... "Oh!... Gracias y usted perdone"...No era un cazador....Se trataba de otro andarín amante de la naturaleza y lo que llevaba al hombro no era una escopeta, si no un telescopio para observar las aves.....Uffff.... La próxima vez prometo traerme las gafas...
El paseo recuperó súbitamente y sin deterioro, todo el encanto con el que empezó. Quizás por un día el mundo no fuera el mundo y todo pudiera ser perfecto.....El mar se empeñó en confirmarlo dándome distintas alegrías: La arena estaba intacta después de los dos terribles temporales que padeció. El mar apenas se movía. Pequeñas olas tímidas convertían el Mediterráneo en un lago apacible. El agua
era transparente como casi nunca es por aquí...En gratitud y por pudor, no quise mirar el trozo de plástico que yacia en el fondo junto al espigón. Tenéis que entenderme amigos, era como si al mar se le vieran las bragas... Respiré hondo. Miré la línea del horizonte, recta y definida como marcada con rotulador y volví a casa. Los naranjos cuajados de fruta, el olor a agua, el verde de los huertos rubricaron el día. Sí. Definitivamente, el mundo podía ser un lugar muy agradable......
Aquí transcribo íntegro el informe emitido por el Pentágono, a propósito de unos incidentes acaecidos este 13 de diciembre en Irak.
Informe 4897/131206/S, clasificado bajo código 25, referente al control y seguridad en los alrededores de Bagdad. 7ª compañía, 1er. pelotón de asalto. Ejército de los Estados Unidos.
"14,07 PM. Una columna civil compuesta de personas y animales avanza hacia el puesto de control, por la carretera RC-2, a 3 km. de Bagdad dirección nor-noreste. El cuerpo de guardia activa el protocolo de acciones en alerta 4. La ametralladora se monta en el blindado y el oficial al mando, teniente Roger Allson intercepta la columna.
Transcripción del intercambio:
Teniente Allson: ¡Alto, el camino está cerrado y bajo control de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos!. ¡Separen los brazos del cuerpo y acérquense despacio para identificación!.
(Los sospechosos proceden pero nos hacen entender por gestos y con un pésimo inglés que no tienen acreditaciones).
Teniente Allson: No se puede pasar sin salvoconducto.
Representante de la Caravana: Solo queremos atravesar el país.
T. Allson: ¿Son comerciantes?. Aléjense de los animales, vamos a registrar la carga.
RC: No puede hacerlo, tenemos inmunidad diplomática.
(Un soldado empuja a RC y le obliga a poner las manos sobre la cabeza, mientras le encañona con el fusil. No parecen señores de la guerra ni su aspecto es agresivo. Sus turbantes no les distingue como una étnia conocida. Otros dos hombres de aspecto respetable se destacan del grupo e insultan al T. Allson para que no toque los paquetes.
T. Allson: ¡Quietos o abriremos fuego!
(El servidor de la ametralladora debido a la tensión dispara involuntariamente y hiere de muerte a un camello. Entonces aparece el Sargento Mayor García de origen hispano que estaba ausente por relevo del servicio).
SM. García: ¡Alto el fuego mi teniente yo les conozco!. Es una caravana ritual en peregrinación desde Asia!.
Tras proceder al registro y requisar el material potencialmente peligroso, se instó a la columna a que diera media vuelta y consiguiera los pases pertinentes de las autoridades locales, para franquear los puestos de control. Fin del informe."
El suceso no ha pasado inadvertido y muchos países, entre ellos España, han pedido depurar responsabilidades, por lo que ha sido considerado un atentado contra el dogma y la tradición. En una comparecencia ante el Congreso americano, el Teniente Allson manifestó: "Yo solo cumplía con mi deber y no podía calcular los efectos colaterales. Dijeron que eran reyes pero en aquel país abundan los reyezuelos y además de republicano, yo soy más de Santa Claus".
Sí amigos, lo habéis adivinado, aquella caravana era la de los Reyes Magos. Ya veremos como acaba todo ésto y si llegan a tiempo para repartir los regalos.
Consultado Don Felipe de Borbón sobre el incidente, declaró no ser conocedor de la noticia. "Además – añadió -, yo siempre pensé que los reyes eran los padres".
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Recuerdo a Walt Disney en blanco y negro, presentando su programa y fumando en pipa, mientras hablaba amablemente con Campanilla o Pepito Grillo. Una imagen entrañable y seductora que me abría las puertas de una fantasía agradable aunque de celofán. Murió el 15 de diciembre de 1966 y se especuló con la posibilidad de que pudiera estar congelado, dado el "secretismo" con el que transcurrió su entierro. No amigos, está incinerado y su entierro no fue secreto sino íntimo. Pero no podía haber sido de otra manera, pues aunque hubieran convocado a todo el mundo, seguramente nadie se habría presentado. Y es que a pesar de esa imagen afable y tranquila, mister Disney no se hacía querer. De talante ultraconservador, soberbio e irascible, no se privaba de mostrar su aversión contra los negros y sobre todo contra los judíos. Como no se privó de hacer pública su alegría, cuando Charles Chaplin tuvo que abandonar los Estados Unidos porque el por entonces presidente MacArthur, se puso a perseguir a todo aquel que oliera a izquierdoso, en lo que se dio en llamar "la caza de brujas". Walt fue acusado de plagiar o robar ideas a otros artistas, y siempre tuvo un comportamiento despótico para con sus colaboradores. "Es patético que me recuerden por un ratón". Con esta simpática y alegre frase, agradecía a Mickey el éxito obtenido y a la Academia de Hollywood, los Oscar que en 31 ocasiones le otorgaron.
Amigos amantes de los "dibus", espero no haberos amargado el día., pero es que yo prefiero la Warner. Esto es to...esto es to...esto es todo amigos.
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Ah...por cierto.....
(Intervida)
En los albores de nuestra especie, algo parecido a un ser humano, un homínido laborioso, un tanto huraño pero esforzado, al que llamaremos Mano Larga tiene un problema. Delante de él se yergue aún con poca costumbre, un congénere que por algún motivo le lleva la contraria; es Cabeza de Chorlito, un australopiteco donde los halla. El básico aparato fonador de ambos en pleno desarrollo, sumado a un lenguaje somero, son una herramienta insuficiente para tanto dilema. (Ellos no llegarán a saber nunca que a pesar de milenios de evolución, la palabra no irá necesariamente asociada al entendimiento)…. Mano Larga da saltos, gruñe en un vano intento de hacer más veraces sus argumentos. Cabeza de Chorlito está tranquilo, no tiene nada que reprocharse, acaba de engullir un cuarto de jabalí y la digestión le vuelve apacible. Es solo cuando su interlocutor le grita en la cara con gran insolencia mezclada de salivajos, que siente el impulso de empujarle y lo hace. Mano Larga da un traspiés, pierde el equilibrio y se agarra a la rama de un arbusto para no caer. La rama cruje, se rompe y él se desploma como un saco. El impacto es rotundo y Mano Larga se enaltece. Furioso y de modo reflejo golpea la tierra con la rama que aún aferra, mientras mantiene baja la mirada. Las hierbas se aplastan bajo los golpes, las flores se aplastan bajos los golpes, se aplastan los líquenes y las setas….Una caracol pasa cerca y ¡chas!, aplastado. Viendo el efecto de los bastonazos y con una certeza rondándole la mente, sigue apaleando metódicamente a todos los bichos a su alcance, saltamontes, hormigas, avispas….No hay duda, todos mueren…..Mano Larga se levanta tranquilo y con un esbozo de triunfal sonrisa, abate brutalmente su palo sobre el cráneo de Cabeza de Chorlito. El pobre desdichado yace inconsciente en el suelo cuando su antagonista, embriagado por emociones desconocidas lo remata.....Mano Larga busca en la saña la naturaleza de su descubrimiento. La respuesta llega cuando levanta la cabeza y comprueba que el resto de sus congéneres le miran con miedo, impotencia, acatamiento, admiración….. Mano Larga acaba de inventar el poder.
Acompañado siempre de su palo, decorado ahora con ramas y huesos como atributo de rango y distinción, sigue con su vida de siempre; recolectando frutos silvestres, localizando nidos de termitas, panales de miel o despojos animales. Pero no le basta el simple y simbólico reconocimiento social. Su invento merece más. Entonces recuerda las miradas de sus semejantes cuando mató a Cabeza de Chorlito y a partir de ellas crea no sin ingenio, diferentes perfiles que respondan a diferentes aptitudes. Los que miraron con miedo trabajarían para él, los que miraron con impotencia serían subalternos, los que miraron con acatamiento su ejército y los que lo hicieron con admiración espías. Con una sociedad organizada con el palo como estímulo, pocos son los que se hacen los remolones. El resultado es inmediato y pronto aquellos homínidos progresan hasta tener más de lo que necesitan para vivir. Mano Larga ha inventado la riqueza…... Pero el palo adornado vuelve a ser lo único que le distingue de los demás y no es suficiente premio a su pretendida superioridad.. Algunos incluso se atreven a tallar otro igual y aunque la habilidad en su manejo dista de la de Mano Larga, los adornos a menudo son superiores en belleza, y eso ya es un caldo que incuba traiciones.… Estalla la violencia enfrentando clanes y pequeños señores que han comprendido el sistema de Mano Larga y quieren su parte del pastel. Con sangre e intriga se llega a la ruptura, la ruptura de un grupo que otrora fuera apacible y que ahora desgranado, se esparce por un mundo cada vez más hostil. Cuando Mano Larga impone su orden, medita profundamente desde su recién estrenada vanidad y encuentra la solución: seguirá cultivando el miedo, la impotencia, el acatamiento y la admiración, mientras despoja de sus bienes a la mayoría de sus semejantes, haciéndoles depender exclusivamente de él y lo que es mejor, necesitar lo que él posee….. Mano Larga inventa la pobreza…..
Poder, riqueza , pobreza, ese es el orden……
¡Cuánto camino recorrido….sin salirnos del camino!…¡Cuantos sueños acariciados…. siempre durmiendo!……Buscando ser inmortales hemos encontrado el genoma…..Nada es suficiente para disimular la levedad del ser…..…Y aquí estamos, instalados en el futuro y con nosotros el poder, la riqueza, la pobreza….¡Cuántas formas evolucionadas de palo existen hoy en día!…¡Cuántas de opulencia e infortunio!…. Hay muchas maneras de sentir miedo, impotencia, acatamiento y admiración en un mundo que confunde , el precio con el valor, el conocimiento con la sabiduría y la Coca-Cola con la sed.
Escapar de la realidad, mitigar la realidad, transgredir la realidad…Quizás fue la nostalgia atávica del paraíso perdido o el dolor de un presente nefasto que pretendía suplantarme. Yo era joven, lento, débil e insensato. Falsifiqué la felicidad, lo confieso. Fermenté las frutas, recolecté el opio, el peyote y el estramonio. ….El placer fácil me atrapó, tejiendo una red de recuerdos artificiales, imágenes sintéticas, ecos sin voz……Entró por mis venas, por mi nariz, por mi boca, hasta consumirme en la falaz promesa de una existencia mejor. Anduvo por mi cuerpo conquistando, violando, matando…Se me secaron los sesos y el corazón…Me dejé llevar….Me deje caer…..Lento muy lento…La embriaguez fué mi certeza, olvidé quien era y quien quería ser. Olvidé las respuestas…peor aún, olvidé las preguntas. Con esmero exquisito hice de mí un guiñapo, un fardo de carne hueca… La existencia se resquebrajó y con ella, los lazos naturales que me unían al mundo. Solo, en una isla exclusiva, en mitad de ningún sitio, miré la vida pasar sin tocarla y la vida pasó sin preocuparse de mí…. Odié a la vida…. dosis a dosis consumé mi venganza. …Morí……
La mañana amenazaba lluvia. Cogí mi bici y elegí una de tantas carreteritas que llevan a la playa. Aparcado en un recodo había un monovolumen, (que no fregoneta), y ya desde lejos un tipo a su lado, me hizo gestos para parar. Debió pensar que iba muy deprisa y que no advertiría su presencia…... Era un hombre maduro, (siempre se dice esto cuando no se quiere entrar en más detalles pero sí llenar una frase), apenas sin saludarme me abordó. Recogía caracoles que seguramente eran la única especie animal que podía reconocer. Un urbanita. Lo supe en cuanto señaló un punto cercano y preguntó con inquietud: ¿Qué es eso?. Me confundiría con Rodríguez de la Fuente pero a pesar de todo no le defraudé. A pocos metros, un ave parda de tamaño considerable, paseaba tranquilamente sobre el borde de la acequia. Es un faisán, respondí, una hembra. Los machos tienen la cola más larga, (con perdón) y son de colores vivos. Estaba claro que el individuo solo los había visto en bodegón o pelados envueltos en celofán, sobre una estantería del Carrefour. Pero no pareció conforme; me miró a los ojos con su mirada de zangolotino y añadió: ¿Y qué hace aquí?…Yo monto en bici, repuse. No, no, me refiero al faisán. ¿Y dónde quiere que esté?, ésto es el campo.…Luego le expliqué el resto. Que eran de criadero y los soltaban para cazarlos. Que como los bichos estaban acostumbrados a la presencia humana no eran bravíos y se hacían matar sin levantar el vuelo. Que a las perdices incluso las soltaban y dejaban comederos para que no se alejaran del lugar y así, los cazadores que lo sabían, podían servirse a gusto del gatillo sin pegarse la paliza de andar…. No sé si estaba escandalizado por lo que le conté o por el tono in crescendo de mi voz. A mis espaldas intuí su aturdimiento cuando hablando a gritos me alejé. Esta vez me dirigía a la faisana; ¡Vete de aquí bonita que como te vean, te hacen un traje de zanahorias!. El animal echó a volar..… Al señor del monovolumen se le escaparon los caracoles.
Ayer domingo salí con mi compañera de aventuras a montar en bicicleta. Diría que el sol era de justicia si no fuera porque resultaba injusto tanto calor. Ante tamaño inconveniente decidimos rodar en la costa plana, por los caminos de naranjos y marjal. El Grau Vell, es un conjunto extraño formado por ruinas de fortaleza antipirata del XVI y viejas, que no antigüas, cabañas de pescadores, modestamente mejoradas para convertirlas en casas estivales. La playa por esa zona es de guijarros y el paisaje circundante se muestra un tanto árido. En el centro del poblado existe un chiringuito hecho a usanza sesentona, con uralitas, maderas y cemento encalado. Ayer el chiringuito estaba en pleno funcionamiento porque eran las fiestas del lugar. Debimos haberlo adivinado al pasar bajo los petardos de la mascletá, que colgados con cuerdas como choricillos de colores, se balanceaban movidos por el viento de levante en mitad de la calle. No pudimos evitar la tentación de pararnos en demanda de una caña bien fría, máxime cuando además de la sed, el ambiente resultaba seductor para dos ávidos de exotismo. Estaba entre una película del genial Berlanga y un documental del National Geographic. Solo faltaba un seiscientos o un tiburón aparcados en la acera. Lo digo con todo el cariño. Una banda de música sentada en círculo sobre sillas plegables, interpretaba temas en blanco y negro, mientras sus cinco integrantes, relajados y divertidos, se pasaban una barral de cerveza con Casera. Un grupo de parroquianos bailaba bajo el frescor del sombrajo, sin entusiasmo pero con convencimiento. Entre ellos, una vieja muy graciosa sujetaba su vaso con una mano y con la otra, afectada de elefantiasis, se agarraba a su partener que era otra mujer un poco menos vieja que ella. A pocos metros, la ermita del santo local adornaba su portalón con flores en avanzado estado de liofilización, y que abierto de par en par, pretendería alegrar al santo a cambio de sus bendiciones. Había mucha dignidad en todo aquello. El Grau Vell es un lugar en el que el tiempo se ha detenido y me sitúa en la infancia, cuando el litoral se hallaba intacto, y estaba habitado por gentes, que poco necesitaban para sentirse vivos. Yo no tengo capacidad para la añoranza, por eso lejos de ponerme triste, agradecí el regalo fortuito del azar que me llevó a tal sitio en tal momento, para sentirme por unos instantes, un viajero en el pasado.