La pluma de Maât

Egipto

El Gurna

Escrito por liton 12-10-2008 en General. Comentarios (0)

 

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    En Egipto el saqueo de tumbas es tan antiguo como lo son las propias tumbas. Desde que los primeros reyes se hicieran enterrar con sus tesoros, surgen grupos organizados con suficiente audacia, como para desafiar las maldiciones de los dioses y los cruentos castigos terrenales. Imaginaros entonces más de 3.000 años construyendo mastabas, pirámides e hipogeos, para reyes, reinas, príncipes, familias reales, altos dignatarios, nobles y hasta en época tardía, ricos comerciantes. A medida que aumentaban los complejos funerarios, y se extendían a lo largo del Nilo, más difícil y costoso resultaba mantener su seguridad. Se aplicaron distintos sistemas para blindar las cámaras funerarias y escamotearlas a los ojos del profanador. Todo fue en vano. Los robos llegaron a tales grados de precisión, que se sospecha que en periodos de decadencia faraónica, pudieran haberse involucrado algunas administraciones antiguas y conocedores de sus secretos, los propios obreros de las tumbas. Acabado el tiempo de Maât, cuando Anubis dejó de mandar en el reino de los muertos y Horus en el de los vivos y nuevos dioses llegaron para usurpar el panteón egipcio, el saqueo se hizo sistemático.

    Las riquezas enterradas de los faraones, se han venido redistribuyendo de esta extraña manera hasta la era moderna y han dado de comer a miles de familias durante miles de años.  Luego Napoleón hizo que el mundo conociese Egipto y numerosos países europeos, fueron a coger “su” parte del botín y sin intermediarios.  Pero antes de perderme en apreciaciones sobre este pillaje museístico de los tiempos modernos, volveré a los márgenes del Sahara, para hablar de uno de los últimos reductos de los ladrones de tumbas: El Gurna. Allí vive el clan con más linaje. He de omitir su nombre por respeto, ya que ahora el gobierno les ha otorgado calidad de descubridores, honrosa amnistía a cambio de abandonar sus actividades y las casas donde viven. El pueblo se construyó sobre una ladera llena de hipogeos, y sacar objetos de valor para venderlos en el mercado negro, les era tan fácil como cavar un hoyo en el salón. Sabedores de su reputación, los últimos habitantes de El Gurna ofrecen al visitante con ritual secretismo, pequeños objetos de época faraónica que no tienen más de dos semanas de manufactura. Y es que se han hecho buenos artesanos, quizás los mejores y para turistas “pringaos” o de rapiña, a la ocasión, falsificadores.

 

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La Ciudad de los Muertos. (El Cairo)

Escrito por liton 13-09-2008 en General. Comentarios (5)

 

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El 5 de junio de 1967, Egipto realizó maniobras militares en la frontera con Israel y bloqueó el estrecho de Tirán. Temiendo un ataque inminente y sin previa declaración, Israel lanzó un guerra preventiva que puso en jaque en pocas horas, a las fuerzas egipcias desplegadas por la zona. Con Egipto se alinearon entonces Siria, Iraq y Jordania pero Israel venciendo a la coalición, conquistó en seis días Cisjordania, la franja de Gaza, Jerusalén este, los Altos del Golán y la península del Sinaí. Esta última fue una de las regiones que se llevaron peor parte en la contienda. Cogidos en mitad de un fuego cruzado entre baterías y bombarderos amigos y enemigos, la población huyó de la península dirección El Cairo. En la metrópoli nadie se hizo cargo de ellos y los miles y miles de desplazados, solo encontraron refugio entre las tumbas de la Ciudad de los Muertos, un cementerio de época mameluca, en cuyos mausoleos y cámaras reconstruyeron su hogar. Consiguieron tener luz y agua y el espejismo de una vida normal, si no fuera porque compartían espacio con los difuntos y los familiares que nunca perdieron el derecho de venir a rezarles. El tiempo pasó y el gobierno quiso hacerse cargo de la situación, buscar mejor acomodo para aquellas gentes y así recuperar un lugar público. Fuera falta de confianza o arraigo, el caso es que no quisieron irse y se ampararon en la ley egipcia que impide el derrumbe o desalojo de un habitáculo dotado de agua y electricidad. Hoy son alrededor de medio millón de almas. Los marginados. Pobres entre los pobres, ladinos entre ladinos. Contrabandistas de lo prohibido, trapicheadores y quincalleros, viviendo tras el muro quebrado de un lúgubre gueto. El que seccionó recientemente el presidente Mubarak  para construir una periférica. El único lugar del Cairo donde los forasteros no son bienvenidos. Al menos eso nos dijo la policía cuando nos interceptó a la entrada impidiéndonos el paso... Nos quedaremos por causa sin conocer el final de la historia,  si es tan fiero el lobo como lo pintan y si es posible convertir en acogedor para los vivos, un lugar destinado a los muertos.

 

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Desde el barco

Escrito por liton 12-09-2008 en General. Comentarios (0)

 

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                                          Riveras esbeltas,

                                           aguas calladas.

                                          Sobre la cabeza

                                              el cristal...

  

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                                                                                                                        (Foto Corinne)

 

El Cairo

Escrito por liton 11-09-2008 en General. Comentarios (1)

 

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     La ciudad de los mil minaretes, Al-Qâhira, la vencedora. El Cairo  volvería loca a Maât, diosa del orden y el equilibrio universal, con su cerca de veinte millones de seres conduciendo coches y furgonetas salidos del “Cuéntame”, ajenos a las “iteuves”, desenvolviéndose a su antojo entre carros, bicicletas y audaces peatones, sin el concurso de un simple semáforo. Si amigos, no se trata de una metáfora, en la ciudad más grande y poblada de África no hay semáforos y todo funciona a golpe de claxon, tamaño del vehículo y “güevos”... Salvo en algunas zonas privilegiadas o monumentales, tampoco existe servicio de recogida de basuras y son los vecinos quienes se dedican a la limpieza por su cuenta y riesgo, para recuperar materiales susceptibles de reciclar, generando con su venta algún beneficio. El resto se echará a los canales o se abandonará en cualquier descampado. También es justo decir que sus residuos representan una décima parte de los que generamos nosotros, siendo además su reciclaje mayor.... Los edificios se construyen y se venden sin acabar. De este modo le resulta más barato al comprador, que siempre podrá colocar las ventanas y puertas o instalar los baños y las cocinas, con la ayuda de algún familiar avezado. Las fachadas, claro está, son lo de menos. Por eso se muestran grises y deslucidas.

    Pero a pesar de ser un revoltijo, una barahúnda, un desconcierto, un laberinto, una borrachera, o quizás por ello, El Cairo es un lugar fascinante, seductor e intenso, donde cualquier acto por simple que parezca, se convierte en una aventura. Los cairotas, como el resto de los egipcios, son hospitalarios, parlanchines y sus relaciones se establecen en un plano íntimo incluso con los extranjeros, (a poco que nos prestemos al uso), pues siempre están ávidos de amistad y dispuestos a compartir contigo lo que desees y a veces incluso más. Son gente vivaracha, de fina inteligencia, humor socarrón y bienintencionado, que se sentará a tu lado, cuando te pongas en el extremo más extremo de una amplia y desierta habitación. La diosa Maât tendría mucha dificultad en juzgar el caos del Cairo, pues siendo además soberana de la armonía y la justicia, al poner en un lado de su balanza el corazón de los cairotas vería no sin sorpresa, que no sobrepasa el peso de la pluma que coloca siempre al otro lado. Y es que de algún modo, (no me preguntéis cómo), reina el orden en el desorden, la belleza en la fealdad y si El Cairo es un "infierno", se halla habitado por ángeles.

 

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Re-visiones

Escrito por liton 09-09-2008 en General. Comentarios (2)

 

    Que pequeños se quedan los templos, estatuas y edificios funerarios, a la intemperie gigantesca y bella del paisaje. Parecen tibias mis emociones al contemplarlos, junto a los sentimientos puros que me provocan las gentes. En Egipto  se es pobre pero no miserable.  Hay carencias pero no hay hambre. Allí se discute sin pelear, se pide sin mendigar, se engaña pero no se miente. Las calles palpitan las veinticuatro horas del día y todos corren sin tener prisa. País de las propinas, trasiego incesante de billetes menudos. Donde se ríe alto y se llora en silencio. Allí los policías y militares en cada esquina,  armados  hasta los dientes con utensilios casi faraónicos de dudosa eficacia, no dan miedo. Y es que en Egipto se cuidan más las piedras y a sus visitantes que la casa de la moneda. Vive del de Suez, canal por antonomasia y del turismo, claro está. Y  nos lo hacen notar, os lo aseguro, con alardes, sí,  pero sin arrogancia.