Tom es un familiar y un amigo, algo más joven que yo que no soy muy joven. Hace poco sufrió un infarto de la manera más tonta, porque eso son cosas que les pasa a los que tienen corazón. Cuando fui a verlo a la U.C.I. acababa de salir de una nueva crisis, con parada cardio-respiratoria incluida de veinte segundos. Lo encontré en su cama, enchufado como un robocop de fortuna, a un montón de aparatos llenos de bip-bips y lucecitas. Tenía mejor cara que los que allí le visitábamos. “¿Sabes?, me dijo, al final del túnel no hay una luz blanca como se dice, sino letras escritas con colores brillantes.”. “Y ¿qué pone?, le pregunté intrigado”. Me miró con sus ojos de tunante y en tono confidencial repuso: “Club Lotita, Masajes y Alterne”…Entonces rompimos a reír, abstraídos por completo durante unos largos y deliciosos segundos, del grave entorno de batas blancas, cables y túneles ajenos…Tom seguía siendo Tom.
¿Y por qué os cuento todo esto?...Porque creo que hay muchas maneras de calibrar la calidad de las personas y una de ellas es en su actitud ante lo extremo.

Esta es una de las últimas figuras que he tallado. Tiene 5 mts. de alzada y si el personaje estuviera erguido llegaría a los 10 mts. Para que os hagáis una idea de las proporciones, la cabeza de una persona apenas alcanza sus rodillas.
Jod...!...Aún me duelen los brazos de raspar...
Existen tres grandes líneas teóricas y de pensamiento sobre el proceso evolutivo de las especies: La creacionista, o sea, Dios creó la mosca de Batilimoche con los ojos rojos porque era su gusto. La de la evolución o de Darwin, o a la mosca de Batilimoche se le volvieron los ojos rojos de mirar mucho los tomates. La mutación espontánea, es decir, después de generaciones de ojos negros, un día nació en Batilimoche una mosca con los ojos colorados…. Quien sabe…quizás en las distintas eras, cada una tuvo su momento de gloria. Pero lo que se lleva en estos días es la mutación espontánea. Sin ir más lejos en las finanzas. Fue creacionista en tiempos feudales, luego evolutiva con la implantación de los mercados internacionales y ahora muta aún si su espontaneidad, asemeja a la de dos novios, dándose el lote el día de su boda frente al fotógrafo. Si amigos, la mutación espontánea está de moda y los gobiernos más anticomunistas, nacionalizan bancos a tutiplé o los financian con dinero público. Si Marx, (no Groucho, aunque también), si Karl Marx levantara la cabeza, se moriría de nuevo pero esta vez para siempre. Porque éste es un comunismo cínico, de parche y sobre todo unidireccional. Seré más concreto. Le dan nuestro dinero a los bancos, (que han gestionado mal el suyo que también era nuestro), para que nos lo puedan volver a prestar.

En Egipto el saqueo de tumbas es tan antiguo como lo son las propias tumbas. Desde que los primeros reyes se hicieran enterrar con sus tesoros, surgen grupos organizados con suficiente audacia, como para desafiar las maldiciones de los dioses y los cruentos castigos terrenales. Imaginaros entonces más de 3.000 años construyendo mastabas, pirámides e hipogeos, para reyes, reinas, príncipes, familias reales, altos dignatarios, nobles y hasta en época tardía, ricos comerciantes. A medida que aumentaban los complejos funerarios, y se extendían a lo largo del Nilo, más difícil y costoso resultaba mantener su seguridad. Se aplicaron distintos sistemas para blindar las cámaras funerarias y escamotearlas a los ojos del profanador. Todo fue en vano. Los robos llegaron a tales grados de precisión, que se sospecha que en periodos de decadencia faraónica, pudieran haberse involucrado algunas administraciones antiguas y conocedores de sus secretos, los propios obreros de las tumbas. Acabado el tiempo de Maât, cuando Anubis dejó de mandar en el reino de los muertos y Horus en el de los vivos y nuevos dioses llegaron para usurpar el panteón egipcio, el saqueo se hizo sistemático.
Las riquezas enterradas de los faraones, se han venido redistribuyendo de esta extraña manera hasta la era moderna y han dado de comer a miles de familias durante miles de años. Luego Napoleón hizo que el mundo conociese Egipto y numerosos países europeos, fueron a coger “su” parte del botín y sin intermediarios. Pero antes de perderme en apreciaciones sobre este pillaje museístico de los tiempos modernos, volveré a los márgenes del Sahara, para hablar de uno de los últimos reductos de los ladrones de tumbas: El Gurna. Allí vive el clan con más linaje. He de omitir su nombre por respeto, ya que ahora el gobierno les ha otorgado calidad de descubridores, honrosa amnistía a cambio de abandonar sus actividades y las casas donde viven. El pueblo se construyó sobre una ladera llena de hipogeos, y sacar objetos de valor para venderlos en el mercado negro, les era tan fácil como cavar un hoyo en el salón. Sabedores de su reputación, los últimos habitantes de El Gurna ofrecen al visitante con ritual secretismo, pequeños objetos de época faraónica que no tienen más de dos semanas de manufactura. Y es que se han hecho buenos artesanos, quizás los mejores y para turistas “pringaos” o de rapiña, a la ocasión, falsificadores.
¿Por qué hay crisis?....Es muy sencillo.
Porque nuestro sistema no es de libre mercado
sino de mercado libertino.