Emociones intensas
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Estoy lejos de ser un audaz. Lo digo en serio.... Es cierto que he bajado por aguas rápidas, navegado a vela en 4'20 con fuerza cuatro y que conozco la sensación de volar a cuatro mil metros de altura en ultralijero sin cabina. Hago el cabra por las pistas de esquí cuando puedo y sobre todo la bicicleta de montaña me procura la evasión que necesito, si la silla del ordenador y otras costumbres sedentarias se aferran a mi trasero. Rehuyo los aparatos mecánicos que te baten en todas direcciones en los mal llamados parques de atracciones, o los pseudo-deportes como el "puenting" que solo prevén sensaciones de tipo suicidario y adrenalina via intravenosa. De todas las emociones que atesoro, sin contar la primera vez que hice el amor con amor, quizás la más intensa fué cuando canté el "Carmina Burana" en el Palau de la Música de Valencia, en la cuerda de tenor. Rodeado por más de doscientas personas que compartían escenario entre coralistas, voces blancas y orquesta. Esto ocurrió hace pocos años. Tuve la impresión de que todas las voces salíeran por mi boca pero que incluso la mía propia, seguiría sonando aunque me callara. Fué como conectar con un "ente superior" y compartir por unos momentos el mundo exclusivo y brillante del genial Karl Orff. Yo ya había pisado otros escenarios como cantante de rock o actor de teatro. Siempre, (para ser justos con la verdad), más cerca del saltimbanqui que de la "vedette". Nada es comparable a aquella tarde de tensión lírica y voluptuosas armonías, en la que abriendo los esfinter y la garganta en casi perfecta sincronía, conseguimos una versión digna y aplaudible, sin masacrar demasiado tan inmortal partitura. Y no fué escasa la prestación, pues la mayor parte de los allí presentes éramos "amateurs".
Hoy buscando unos papeles he encontrado la fotografía que véis y he tenido ganas de contarlo. Algunos podéis pensar que es una presunción por mi parte o una vanagloria...Bueno ¿y qué?.....A otros les dá por los quad.....




