La pluma de Maât

Palestina. Derechos sin derecho

 

    Si hay un país que necesita un psiquiatra, (con perdón), ese es Israel. Tantos siglos de persecución y sufrimiento han llegado a obsesionar a los judíos con su seguridad, hasta hacerles crear, el que es probablemente el mejor ejército del mundo. Con él responde al hostigamiento de Hamas e invade la franja de Gaza, provocando los más sangrientos episodios de todo el conflicto israelo-palestino. Han matado a más de seiscientas personas en diez días, de las cuales una tercera parte eran civiles, entre los que se encontraban alrededor de cien niños. Otros ya han explicado la aberración que supone esta guerra, la trasgresión de las Convenciones de Ginebra y lo nefasto de sus futuras consecuencias. Otros ya han criticado que el mundo se calle pero el mundo sigue callado. Yo prefiero  sobrevolar, aún sea someramente, el fondo del asunto, aportando argumentos personales en clave de opinión. El conflicto tiene, no sus raíces pero su inicio, en 1948 cuando Israel se establece como estado independiente, con beneplácito de occidente que dijo amén a los Estados Unidos de América. Salían los judíos de una de sus más cruentas persecuciones, (la II guerra mundial), y aquella diáspora tristemente famélica y vagabunda, vió cerrarse una a una las puertas de los países aliados, que cometieron la vileza de no darles cobijo. Volvieron entonces a rememorar la Torah y su tierra de promisión y so pretexto de su ascendencia israelita, reclamaron los lugares sagrados sobre los que gobernaron sus reyes más ilustres: David y Salomón. Se instalaron en Palestina porque para ellos era Israel y se hicieron los amos… Es decir, es su tradición, religión e historia, sobre lo que se sustenta su derecho a un estado independiente, y da sentido y fuerza a los israelíes en su empecinamiento. Sin embargo, si se someten estos juicios a un mínimo rigor científico, nos encontraremos con variadas sorpresas. La primera referencia histórica que se tiene de Israel es en la Estela de Merenptah, (1210 a.C.), y el texto egipcio se refiere a un grupo de gente y no a un emplazamiento geográfico. Supuestamente alrededor del año1000 a.C., después de la unificación de las tribus por parte de Saúl, se crearon dos estados confederados Israel y Judá, reinos que fueron gobernados por David y Salomón. De estos dos reyes, (base de la mitología judía), no se ha encontrado ningún rastro arqueológico que de fé de su existencia, lo cual no significa que no existieran, pero sí que no fuesen los grandes monarcas que relatan los Textos Sagrados, hasta hoy único testimonio. Numerosas pruebas muestran además que en la época referida, era Egipto quien ejercía el dominio sobre gran parte de la región… Luego los reinos de Israel y Judá sufrieron numerosas invasiones y el primero desapareció del mapa, borrado por los asirios en 722 a.C. El único estado que perduró fue el de Judá, a pesar de la ocupación por los babilonios en 598 a.C y otras posteriores. La supuesta capital, Jerusalén,  (siempre según las pruebas arqueológicas), debía ser en época de Salomón poco más que una aldea y su famoso templo si alguna vez estuvo en pié, (antes de las obras emprendidas por Herodes el Grande siglos después),  apenas sería un tabernáculo someramente techado… En el siglo I a.C. los romanos tomaron la región y desde entonces aquel país se llamó Palestina.

    Si volvieran a España los íberos, los godos, o los descendientes de los reyes moros exigiendo sus antiguas posesiones, no me parecería tan chocante ni absurdo como las aspiraciones de Israel. También os prometo que si esto ocurriera, soy capaz de  reclamar Cuba.

 

Comentarios

Pedro: Te agradezco tu comentario porque a veces uno se siente un poco solo en según que pensamientos, sobre todo cuando nadie se atreve a hablar de la primera de las ilegitimidades, que es la existencia de un estado de Israel en tierra Palestina. Lo que yo he hecho es un pequeño resumen y todos sabemos que el tema daría para mucho más.

Echaba de menos esta entrada en tu blog, pero no has tardado tanto puesto que aún espero la reacción, no ya de los políticos, sino de la mayor parte de la gente que me rodea, más preocupada por los efectos de la crisis -aunque todos hemos regalado y recibido regalos esta navidad- que por lo que se nos avecina de seguir las cosas como hasta ahora ¡Qué ceguera! Y al hilo de ésta te agradezco el esfuerzo divulgativo echando algo de luz sobre la historia que nos han contado. La Historia es una ciencia y las cosas hay que demostrarlas utilizando sus métodos. De todos modos pienso que el principal problema es que una nación se fundamente en ser el pueblo elegido de dios, con tierra prometida incluida, y se jacte de ello y se sienta autorizada -ya no sólo por dios- para hacer lo que está haciendo ahora, demostrando que la idea de dios es imposible. De ahí que la religión nunca pueda ser un rasgo colectivo que caracterice a un pueblo, somos muchos los que no podemos aceptar la existencia de dios. Yo ni tan siquiera acepto la idea de nación.

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