De Rodriguez
El verano no es lo que más me gusta. El calor no me sienta muy bien y la nave en la que trabajo es un horno para cocer bollos, solo que yo ya no estoy como un bollo, si no como un pan del día anterior al que le queda poco para convertirse en torrija….Bueno…. exagero en busca de dramatismo literario, porque en realidad estoy fuerte y sano como un roble, (como un roble fuerte y sano, se entiende), y tengo mi pelo en su total abundancia, sin necesidad de adulterar con pociones mágicas de esas que ocultan las canas. No me gusta el verano con su luz descolorida y sus soledades vacacionales. Porque otra característica de este periodo es que yo casi no tengo vacaciones, (apenas diez días), y todo el mundo se marcha a pegarse la buena vida como es menester. Menos mal que mis amigos son de importación y que de todas maneras, la mayor parte de ellos siempre están lejos. Mi pareja también se va, con todo su derecho, y se me añaden tareas cotidianas que no hacen si no restarme tiempo y dejarme más cansado. No es una esquirola, no es su talante, y tiene razones legítimas venidas de la necesidad de volver de tanto en tanto a su tierra. Como yo nunca necesité una sirvienta, lo que hecho de menos es su pura presencia y la brujería de sus dones que refrescan la casa durante la canícula, del mismo modo que la calientan en invierno. Sí amigos, "estoy de Rodríguez", pero como no me faltan libertades conyugales, añoro su voz melodiosa que silba las eses, sus ojos marinos y la calidad de nuestra relación. El único placer que me doy es el de no echar el pestillo cuando me meto en el baño y el de ver una peli serie B en la televisión. No me gusta el verano, no… pero el amor es posible.

