La pluma de Maât

Reescribiendo la historia. Distorsiones de película

 

    Hay imagénes del antíguo  Egipto que nos han quedado del cine norteamericano, donde se nos muestran hordas de esclavos, trabajando en la construcción de templos y pirámides, azuzados a golpe de látigo por capataces sin piedad. Es totalmente falso. Los monumentos dedicados a la gloria de los dioses o del faraón, eran construidos por ciudadanos libres, que encontraban así un modo de vida durante las crecidas del Nilo, o cuando las cosechas requerían menos trabajo. Nuestro concepto de esclavo viene principalmente de la Grecia o la Roma clásicas, así como de la colonización de Améríca o la formación de los Estados Unidos. En estos casos los esclavos solían serlo de por vida y su condición tenía carácter hereditario. Conseguir la libertad resultaba casi imposible, pues representaban un patrimonio en sí mismos, susceptible de comprar o vender. La agresión física se mostraba como la manera más habitual de castigo, para expiar "faltas" o corregir conductas y su exclusión social era absoluta.

    En Egipto, lo más parecido que encontramos a este concepto, son los prisioneros de guerra. Aún así se les trataba con dignidad, su esclavitud tenía un tiempo limitado y en ningún caso afectaba a sus descendientes. No se compraban ni se vendían. Eran donación del faraón a las familias más notables, las cuales los utilizaban como mano de obra, pero ponían interés en no maltratar tan regio obsequio. Algunos, (sobre todo los nubios), se integraban en el ejército como soldados, y podían por méritos propios, llegar a ostentar cargos de responsabilidad. Tras cumplir su compromiso con el faraón, se liberaban de su condición y compartían derechos y obligaciones como cualquier otro ciudadano egipcio. Del mismo modo, hay quien ha querido ver en los siervos analogías con los esclavos, pero algunos textos hacen pensar que poseían un estatus y que gozaban de una vida equilibrada, pues su salud y buena presencia, incidían directamente en el prestigio y dignidad, de la casa a la que servían. Con los únicos que no tenían miramientos era con los criminales en general y con los asesinos en particular. A éstos les obligaban a realizar los trabajos más duros y peligrosos, (principalmente en las minas), y su esperanza de sobrevivir resultaba bastante limitada.

 

    La difícil traducción de los jeroglíficos, ha estado hasta ahora sujeta a múltiples prejuicios culturales y religiosos y   Hollywood se ha encargado, de la "peliculera" distorsión final.

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